Volver a Aprendizajes

RETROS ASÍNCRONAS

Retros asíncronas

Cómo dejar de perder tiempo llenando el tablero y empezar a usarlo para lo que importa

La primera retro del sprint empezó igual que siempre. Silencio.

No porque el equipo no tuviera nada para decir, sino porque nadie recordaba bien qué había pasado la semana anterior. Alguien preguntó "¿qué salió mal esta semana?" y hubo un momento largo donde todos miraron el tablero vacío como esperando que se llenara solo.

Llevábamos meses así. Y en un momento me di cuenta de que el problema no era la gente, era el formato.

Lo que le pedimos a la memoria

La retrospectiva clásica es predecible. Terminás el sprint, juntás al equipo, y justo cuando todos están más cansados y con la cabeza en el siguiente ciclo, les pedís que recuerden y sinteticen dos semanas de trabajo.

Hay un argumento que suena razonable, y es que "si fue importante, lo van a recordar". Y hay algo de verdad en eso. Pero también es una forma de dejar valor sobre la mesa.

Porque muchas veces las cosas más útiles para mejorar no son los grandes eventos sino los pequeños roces del día a día. Una comunicación que no fluyó un martes, una tarea que estuvo bloqueada dos días por una dependencia que nadie mencionó, una decisión que se tomó en un canal equivocado. Esas cosas se pierden. No porque no importen, sino porque la memoria no está diseñada para retener detalles cotidianos durante dos semanas.

La propuesta

Un día llegué a la reunión de planificación con una sola pregunta: "¿Qué pasa si durante el sprint anotamos las cosas que nos parecen importantes a medida que pasan, y llegamos con eso a la retro?"

Sin herramientas nuevas, sin proceso elaborado. Y sin la presión de escribir algo todos los días.

Esa última parte importa. La idea no es forzarse a registrar una cosa por día como si fuera una tarea más del sprint. Es lo contrario: cuando algo te llama la atención, una fricción, una decisión que salió bien, algo que te hubiera gustado hacer diferente, lo anotás en ese momento, porque es cuando lo tenés fresco. Si el sprint transcurre sin roces, el tablero puede quedar con poco. Y está bien.

La estructura es mínima. Tres columnas.

  • ¿Qué fue bien?
  • ¿Qué no fue tan bien?
  • ¿Qué me hubiera gustado hacer diferente?

El día de la retro, llegás con lo que fue valioso capturar. La reunión deja de ser un ejercicio de memoria y se convierte en lo que siempre debería haber sido: una conversación sobre lo que ya está sobre la mesa.

La variante que más nos funcionó

Hay una versión de esto que es todavía más eficiente, y es la que terminamos adoptando. Al terminar cada retro, compartimos el tablero de la siguiente directamente.

El tablero de la próxima retro queda abierto desde ese momento. Cada uno puede ir agregando notas ahí durante el sprint, en tiempo real, sin necesidad de transcribir nada el día de la reunión. Lo que ves en el tablero el día de la retro es exactamente lo que se va a discutir, sin pasos intermedios.

El resultado es que la reunión arranca directo en la conversación. No hay una fase de "ahora completen el tablero". El tablero ya está completo, o tan completo como el sprint lo ameritó.

Cómo se adoptó en el equipo

Lo bueno de esta dinámica es que se contagia.

Al principio éramos ocho personas y la mitad usaba el tablero. No hubo que convencer a nadie ni hacer una reunión para explicar el proceso. Simplemente, los que lo usaban llegaban a la retro con más cosas para decir, con más contexto, y la sesión se sentía distinta. Más liviana. Poco a poco el resto se fue sumando.

El número que más lo refleja es el tiempo. Completar el tablero en la retro solía llevar entre 15 y 20 minutos. Con esta dinámica ese paso dura 3 o 5 minutos, porque básicamente ya está hecho. Y eso se nota en cómo se vive la reunión, porque dejás de entrar con la carga de tener que recordar y ser resolutivo al mismo tiempo. Solo tenés que ser resolutivo.

Eso, más que cualquier otra cosa, es la señal de que algo empezó a funcionar.

Lo que hay que tener en cuenta

Las primeras semanas cuesta acordarse de registrar en el momento. El impulso natural es pensar "esto lo anoto después", y después ya no importa tanto o directamente se olvida. Con el tiempo eso se ajusta solo.

Lo importante es no convertirlo en una obligación burocrática. Si alguien siente que tiene que escribir algo aunque no haya nada relevante, algo está fallando. El tablero no es un formulario. Es un lugar donde aterrizar lo que de todas formas te hubiera gustado decir en la retro.

El tablero no es el fin

La retro asíncrona no reemplaza la conversación. El tablero es un punto de partida, no el producto final.

La reunión sigue siendo necesaria. La discusión en tiempo real, la posibilidad de conectar puntos entre lo que vivió una persona y lo que vivió otra, el acuerdo colectivo sobre qué cambiar, eso no lo resuelve ningún tablero.

Lo que cambia es la proporción del tiempo. Menos tiempo llenando, más tiempo conversando.

Si querés probarlo, el camino más fácil es llegar a la próxima retro con tus propias notas del sprint, sin pedirle nada al equipo todavía. Muchas veces eso solo es suficiente para generar curiosidad en el resto.

— Juan Cruz Medina